Las cosas no siempre son lo que parecen

La libertad

Seguimos contando disquisiciones filosóficas de las reuniones típicas de café del barrio intelectual de Buenos Aires. Esta vez los “sabiondos” se reunieron el jueves a la tarde, por lo que no tuve tiempo para escribir algo muy elaborado de lo conversado, para llegar a tiempo, pero aquí está el resumen de la discusión.

Las cosas no siempre son lo que parecen tanto en la realidad diaria como en la política, como se ve en el artículo la “realidad es debida a la de-coherencia”, lo que conocemos es una forma determinista de una de las posibles estructuraciones del sub-mundo cuántico y por supuesto no la única, pero si enteramente predeterminada.

La Biblia nos dice que Jesús, en su tierra hizo pocos milagros, ya que pese a ser el Hijo de Dios, como cualquier santo, no pudo realizar modificaciones en la de -coherencia, que no se rompía sin la fe de todos los presentes. Fe en que podrían suspenderse las leyes naturales.

Existen otras realidades “para normales” que obedecen a otra estructuralización de este sub-mundo.

Es así que nuestra realidad temporal, está desde el principio construida por una causalidad férrea (cada vez más estable al afianzarse en el tiempo , como es dable comprobar con la evolución de las especies y la aparición de nuevas enfermedades para solo enumerar algunos temas) y aún las otras realidades mantienen un encadenamiento a su vez férreo entre causas y efectos, aún en temas paradojales extra temporales.

En nuestra realidad, en la vida diaria los conceptos valen más por la aceptación que por su valor intrínseco.

Todo en el tiempo está encadenado por causas y efectos.

En aras de elevarse como seres mucho más que animales y trascender más allá de la muerte, el ser humano se vistió de “ropajes” sin conocer demasiado de la intimidad de los “paños”.

Así aparecen las religiones, los códigos de leyes, etc., tratando de poner nuevas causas que modificaran los bárbaros efectos, presuponiendo tabúes y mitos que en su mayoría se perdieron en el tiempo luego haber cumplido su práctico cometido.

Generalmente, hasta las personas mejor dotadas intelectualmente, son rebasadas por la cantidad de trabajo, de información, de la tendencia a plegarse a modas y preconceptos, a realizar el mismo tipo de razonamientos, partiendo de premisas a veces tan útiles para ahorrar tiempo de pensamiento como incorrectas en su concepción y que si estudiamos su mecanismo acabaríamos desechándolas; por ejemplo: Cuando miramos pensamos poco en el proceso; miramos y basta. Sin embargo hay una cantidad fabulosa de cosas involucradas en el ver algo.

Hay una enorme concatenación de causas y efectos : Los fotones que cierto objeto refleja, deben penetrar el cristalino y la córnea de nuestro ojo (formado por gran cantidad de células diferenciadas, atraviesan el “humor vítreo” y alcanzan la retina) que a su vez la forman otro tipo de células diferenciadas con funciones diversas. A su vez el ojo deberá acomodarse para compensar las distancias diferentes a que se puede encontrar el objeto y aquí aparecen los músculos y sus nervios controlados a su vez por células cerebrales. De la retina pasamos al nervio óptico y luego al cerebro para el acomodamiento de la imagen su almacenamiento y comprensión y otras funciones que implican en cada caso combinaciones químicas, cofactores , encimas producidas por otras células, infinidad de neurotransmisores, en fin millones de interrelaciones físico químicas por segundo para lograr el cometido desde el punto de vista cuántico.

Sin embargo,- pese a innumerables contingencias que nos suceden a un tiempo: mientras vemos, además caminamos, pensamos, hablamos ,digerimos, metabolizamos y otros muchos etcéteras-, nos seguimos percibiendo como una unidad simple y compacta, lo cual es en realidad una falsedad.

Por lo tanto realmente somos una totalidad integrada de un circuito muy amplio de encadenamientos de causas con efectos que a su vez interrelacionan por causas siempre determinadas, hasta no hace mucho incomprendidas y todavía apenas sospechadas por algunos.

El camino de los primeros caldos casi vivientes hasta la conformación del hombre moderno es el derrotero largo y que culmina con mirarse “al espejo” y tratar de explicar las visiones que este nos refleja. El aprendizaje es arduo, en especial por lo “autodidacta” en general del proceso, ya que podemos apoyarnos en el conocimiento de los que nos antecedieron pero la creación final, la innovación es siempre el producto de una mente que se anticipa a otras.

Nuestro mundo fue generando- dentro de esta evolución fantástica y fantasiosa- diferentes teorías que explicaban la realidad, con términos como: dioses, un dios único, la libertad para algunos , luego para todos, la libertad para , la transmutación, la transubstanciación, la alquimia, el amor romántico, el amor-pasión, la locura, etc., que conceptualmente no dejan de evolucionar y como “cosa viviente” pueden llegar a morir, cosa que está pasando ante los nuevos descubrimientos (o al menos transformarse en forma casi completa).

Costará muchísimo para la mayoría comprender y aceptar como realmente funcionamos, porque aún aceptamos en último término el paupérrimo argumento “del porque sí”, en la religión, en el amor, en la justicia, en la responsabilidad.

Además que será necesaria una elevación de la cultura general, ya que sin ella la humanidad retrocede hacia la animalidad rápidamente.

Será duro crear un conocimiento vulgar que acepte tan radicales conceptos como hemos delineado entre líneas, hay tantos intereses creados, es tan cómodo seguir pensando en un mundo enteramente regido por conceptos aparentes. Es difícil pensar que la luna y el sol no “salen” por el este, cuando los vemos remontar desde el horizonte, tal que demandó millones de años desarmar esa superchería (todavía se dice el sol sale…); cuanto tiempo más nos tomará descubrir tantas otras cosas a las que damos entidad y son otras muy diferentes las “cuasi- esencias” que las describen.

Les aseguro que estos “sabiondos” la van a seguir y si puedo les seguiré contando sobre el tema.

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