Poveglia, la isla maldita

Poveglia es un isla situada en los lagos de Venecia, cerca de Lido. Esta isla, supuestamente maldita, fue el escenario de uno de los episodios más espantosos que la humanidad ha conocido.

poveglia isla venecia

Durante el siglo XV la peste asoló Europa y Venecia no fue una excepción, de hecho, la humedad, el aislamiento geográfico y el ir y venir de los mercaderes hicieron que la peste se cebara de forma especial con su población.

La situación se hizo insostenible, ante la imposibilidad de enterrar tantos cuerpos, por lo que se empezaron a apilar en las calles, provocando que el olor a muerte invadiera el aire veneciano. Además, eran nuevos focos de infección que afectaban a aquellos ciudadanos que no estaban enfermos.

Las autoridades de Venecia, ante este panorama, decidieron trasladar los cadáveres a la aislada isla de Poveglia.
Pero pese a que los cadáveres habían sido retirados, el impacto de la peste seguía haciendo estragos entre los venecianos, y ante esta situación, se tomó una terrible decisión: Todo aquel que mostrase el más mínimo síntoma de infección seria trasladado y abandonado en la isla.

Cuando la epidemia cesó, la isla se olvidó, permaneciendo maldita y sin que nadie la volviera a visitar hasta 1922, cuando se inauguró un psiquiátrico en la isla.

Continuar leyendo “Poveglia, la isla maldita”

Misterios arqueológicos : El Disco de Festos

Esta enigmática pieza fue descubierta el 15 de julio de 1908 por el arqueólogo italiano Luigi Pernier en una excavación del palacio minoico de Festos.

El Disco de Festos

El disco es de arcilla cocida con inscripciones en ambas caras y fechado a finales de la edad de Bronce. El propósito de uso y su origen aún no han sido determinados, lo que ha convertido a este objeto en uno de los más famosos misterios arqueológicos. Sus símbolos podrían representar una forma desconocida de jeroglíficos y hay estudios que lo asocian a un tipo de escritura utilizada en la antigua Creta.

La pieza de quince centímetros de diámetro fue elaborada alrededor del año 1700 A.C. durante la edad de bronce de la civilización minoica,que se ubico en la isla griega de Creta.

No obstante sus 241 inscripciones hechas a partir de combinaciones de 45 signos distintos,no pertenecen al sistema de escritura de la época.

Los símbolos contenidos en el disco retratan figuras humanas,animales,armas y plantas,también se disponen en forma de espiral,con un patrón duodecimal,lo cual significa para distintos especialistas que se trata de versos pertenecientes a himnos o rezos rituales.

Igualmente se ha propuesto que la función de este aparato consistía en ser un registro administrativo donde la tableta era marcada como un comprobante o recibo cada vez que un bien ingresaba en algún almacén.

Así,cuando los artículos eran sustraídos por el dueño el disco se destruía para concluir el tramite entre ambas partes,motivo que explicaría la ausencia de objetos similares en Creta. Aunado al evadido de los métodos de criptoanálisis estadístico, alberga un texto muy breve.

Físicos encuentran un nueva forma de medir el tiempo

El físico Holger Müller y sus colegas de la Universidad de California, en Berkeley (Estados Unidos), han encontrado una forma nueva de medir el tiempo usando átomos de cesio. Según explican en un artículo publicado en la revista Science, con este método es posible decir qué hora es usando solo la onda de materia de un átomo de cesio y se refieren a su método como un reloj de Compton, porque se basa en la frecuencia de llamada Compton de una onda de materia.

Así aprovechan el hecho de que, en la naturaleza, la materia puede ser tanto una partícula como una onda, su método para decir la hora utiliza las oscilaciones de una onda de materia, cuya frecuencia es 10.000 millones de veces más alta que la de la luz visible.

De momento el nuevo reloj es aún 100 millones de veces menos preciso que los mejores relojes atómicos actuales, que emplean iones de aluminio. Sin embargo, las futuras mejoras en la técnica podrían aumentar su precisión hasta alcanzar la de los relojes atómicos, incluyendo los relojes de cesio que ahora se utilizan para definir el segundo como unidad de tiempo, asegura el propio investigador.

“Cuando haces un reloj de pared, hay un péndulo y un reloj que cuenta las oscilaciones del péndulo. Así que hay algo que se balancea”, explica Müller. “No había manera de hacer un reloj de ondas de materia, ya que su frecuencia de oscilación es 10.000 millones de veces más alta que incluso las oscilaciones de la luz visible”.

Sin embargo, el año pasado el científico se dio cuenta de que podría ser capaz de combinar dos técnicas bien conocidas para crear un mecanismo de relojería y explícitamente demostrar que la frecuencia de Compton de una sola partícula es útil como referencia para un reloj. Un átomo de cesio que se aleja y luego retorna es menor que uno que se detiene, por lo que el movimiento de onda de la materia de cesio oscila menos veces y la diferencia de frecuencia (de alrededor de 100.000 oscilaciones menos por segundo de 10 millones de billones de billones de oscilaciones, es decir, 3 x 1.025 para un átomo de cesio) podría ser mensurable.

En el laboratorio, Müller probó que podía medir esta diferencia al permitir que las ondas de materia de los átomos de cesio fijas y en movimiento intervengan en un interferómetro atómico. “Nuestro reloj tiene una precisión de siete partes por mil millones”, aclara. “Es como medir un segundo de ocho años, casi tan bueno como el primer reloj atómico de cesio unos 60 años atrás. Tal vez podamos desarrollarlo más y un día definir el segundo como tantas oscilaciones de la frecuencia de Compton para una partícula determinada”, anuncia.

Müller espera impulsar su técnica para partículas aún más pequeñas, como los electrones o positrones incluso, en este último caso, con la creación de un reloj de antimateria. Este físico tiene la esperanza de que algún día será capaz de decir la hora usando las fluctuaciones cuánticas en el vacío.