Leyendas urbanas


La “luz mala” o “farol de mandinga” es una superstición muy conocida en Argentina. Es un mito con trascendencia religiosa que se extiende por casi todo el Noroeste Argentino.

En algunas épocas del año (generalmente las más secas) se suelen ver de entre las pedregosas y áridas quebradas de los cerros del oeste tucumano, cuando los últimos rayos del sol iluminan las cumbres de los cerros y el intenso frío de la noche va instalándose en los lugares sombreados, una luz especial, un fuego fatuo; producto de gases exhalados por cosas que se hallan enterradas conjugados con los factores climáticos; Con terror y morbosidad, los lugareños la denominan “luz mala” o el “farol del diablo”.

En algunas épocas del año, en especial en las más secas, se suele ver a lo lejos; El día más propicio para verla es el día de San Bartolomé, el 24 de agosto, porque es el día en que Lucifer (El Diablo) esta más libre de los poderes celestiales.

La luz mala, es muy temida, porque se la considera maligna, o bien el alma de algún difunto que no ha pagado sus deudas…

Cuando aparece la luz mala se debe hacer lo siguiente:

“si la luz blanca que aparece en la falda del cerro es buena, donde entra hay que clavar un puñal y al otro día ir a cavar… va a encontrar oro y plata. Si la luz es roja huyan o recen el Rosario, se dice que es luz mala, tentación del diablo”.

Se trata de uno de los relatos más fascinantes del libro “Buenos Aires es leyenda”. Tiene como protagonista a Belek, un enano que llegó a Buenos Aires con el Circo de los Zares a fines de los 70.

Belek, que procedía de la zona de los Cárpatos como el conde Drácula, fue expulsado después de que el dueqo del circo, Boris Loff, el Hombre Bala y la Mujer Barbuda lo encontraran prendido al cuello de Vera, una mono tití. Pero el mito de Belek, el enano vampiro, apenas comienza aquí.

El verdadero horror se desató cuando se refugió en una casa semiabandondada del Bajo Flores y los gatos del barrio comenzaron a desaparecer misteriosamente.

La leyenda cuenta que la gente protegió sus casas con ristras de ajo y todos llevaban crucifijos por miedo a sus ataques.

Una noche de invierno, los hombres del barrio cazaron al enano vampiro con la red de un arco de fútbol, cerca de la estación Flores, pero se les escapó.

Aseguran que aún vive en el cementerio de Flores y sigue haciendo de las suyas.

Pues bien, parece ser que varias personas, en diferentes puntos de Buenos Aires, como Palermo, Puerto Madero o Bariloche, aseguran haber visto aterrorizadas la figura de un enano moverse increíblemente rápido entre las sombras, huyendo al ser sorprendido o advertir presencia alguna, dejando tras de sí el cadaver de algún animal callejero. Incluso en uno de los casos, viéndose acorralado llego a morder a uno de los testigos.

¿Continúa quizás Belek deambulando por las calles bulliciosas de la noche de Buenos Aires?