Svalbard, la gran esperanza botánica de la humanidad

Desde fuera, parece una nave espacial enterrada en medio de la nieve. Una trozo de cemento armado, con una vidriera alienígena y con una puerta de aluminio. Por dentro, sus pasillos parecen el escenario de un videojuego de acción en primera persona. Lo que esconden sus gigantescas salas climatizadas, solo está al alcance de la vista de unos pocos científicos. Aunque en Internet se rumorea que en su interior se guardan auténticas aberraciones, en realidad albergan una de las grandes esperanzas para la humanidad en caso de catástrofe.

Svalbard, la gran esperanza botánica de la humanidad

El Banco Mundial de Semillas de Svalbard es una enorme despensa subterránea de semillas. Allí se conservan cuatro millones de tipos de 800.000 variedades de plantas, lo que viene a ser un tercio de todas las que hay en el planeta. Se abrió hace diez años y, si el cambio climático o una guerra nuclear arrasan nuestro planeta, se convertiría en un auténtico salvavidas botánico.

El banco se encuentra entre las montañas de la isla noruega de Spitsbergen, al norte del país y a tan solo 1.300 kilómetros del Polo Norte. Uno de los hombres que puso dinero para su construcción fue Bill Gates. La Fundación Rockefeller también contribuyó. Este hecho, y el secretísimo que rodea al proyecto, han hecho que en la Red circulen historias de lo más rocambolescas sobre lo que realmente pasa entre sus muros: desde que es un proyecto ideado por los nazis, hasta que es una especie de laboratorio en el que se idean sistemas para controlar a la población.

Pero nada más lejos de la realidad ideada por la calenturienta mente de un fanático de las conspiraciones: el Banco de Semillas es solo un gran laboratorio en el que además de guardar las semillas, se experimenta con nuevas variedades para adaptarlas al nuevo mundo. Continuar leyendo “Svalbard, la gran esperanza botánica de la humanidad”

Una planta resucita despues de 400 años

Investigadores descubren por primera vez musgos capaces de revivir en la naturaleza y el laboratorio tras cuatro siglos sepultados bajo un glaciar. La capacidad de regeneración de la planta sorprende a los científicos

planta resucita despues de 400 años

Desde el siglo XX, el fenómeno del retroceso de los glaciares se ha multiplicado y cada vez son más los científicos que se acercan a ver qué dejan sobre la tierra cuando el hielo desaparece. Desde 1960, son muchos los estudios que han dado cuenta de la aparición de plantas tras el paso del glaciar, pero siempre resultaba que el material biológico exhumado estaba muerto. Sin embargo, un grupo de investigadores de la Universidad de Alberta (Canadá) ha dado con un tipo de musgo capaz de pasar cuatro siglos sepultado bajo una gruesa capa de hielo y resucitar tras saludar de nuevo al Sol.

Este equipo de científicos acudió a inventariar los restos biológicos que había dejado el glaciar Lágrima de la isla Ellesmere, en el archipiélago ártico canadiense. Allí descubrieron estas plantas oscurecidas, que parecían muertas, salvo porque en algunos extremos mostraban brotes verdes: tallos que volvían a reverdecer y ramitas que daban testimonio de la regeneración. Tras analizar su composición, concluyeron que esos musgos habían estado cubiertos por el glaciar unos 400 años, casi desde los comienzos de la Pequeña Edad de Hielo que enfrió el hemisferio norte entre 1550 y 1850.

Según explican los investigadores en su estudio, publicado hoy en la revista PNAS, dieron con cuatro especies distintas de briofitas —el grupo de plantas que abarca a los musgos— de las que fueron capaces de generar hasta 11 cultivos in vitro en el laboratorio, demostrando que se trata de una capacidad de regeneración propia de este tipo de plantas. Las células de estos musgos tienen la capacidad de diferenciarse y desarrollar una nueva planta en un proceso análogo al de las células madre. “Por lo tanto”, escriben, “las células se pueden apagarse fisiológicamente durante la desecación y revivir cuando las condiciones son favorables”. De este modo, estas plantas “son candidatos ideales para experimentos biológicos, especialmente en ambientes extremos”.

Este descubrimiento no sólo evidencia la gigantesca capacidad de adaptación de estas plantas a condiciones extremas, sino también la concepción que tenemos de la biodiversidad en zonas colonizadas por el hielo. “En los ecosistemas polares, la regeneración de tejidos sepultados por el hielo durante 400 años amplía significativamente nuestro conocimiento sobre su papel en la recolonización de los paisajes polares (pasados o presentes)”, aseguran.

A la luz de estos resultados, aquellos paisajes que vuelven a estar expuestos tras el retroceso del hielo “ya no deberían ser asumidos como estériles”. “En un mundo en plena disminución de la diversidad biológica, nuestro estudio muestra que la conservación de briofitas subglaciales sirve como un reservorio genético desconocido que manifiesta la capacidad de resistencia de las plantas terrestres y la riqueza emergente de ecosistemas como los glaciares polares que retroceden”, apuntan.

Mi jardincito

En varias macetas, de diferentes tamaños, conviven en algo más de tres metros cuadrados, casi cincuenta especies vegetales.

Hay entre las especies aromáticas tomillo, menta, orégano, salvia, albahaca y cibulette, entre los frutales Higos, frutillas, etc y entre florales olorosas, Jazmines del cabo, dama de noche, abelia, trompeta de guerra, malvones, campánulas, santa ritas, etc., etc.

Nadie puede creer que este jardín se asiente sobre diversos tamaños de macetas, desde el (12) a las de más de 75 cmts. de diámetro.

Colocadas en “degradé”, que producen la ilusión de planteras en tierra firme y no en varios pisos sobre el nivel del suelo (respecto a la Planta Baja).

Para evitar problemas de humedad, todos los recipientes están sobre pequeñísimos tacos de madera, para que lo drenado corra rápido y no produzca problemas más abajo.

Las flores permanentes y el vigor de todas las plantas se deben a lo antiguo y a lo moderno. Las plantas las he elegido por mejor rendimiento y espectacularidad, las he colocado según las teorías del gran Thais, respecto a la gradación en desarrollo, coloración y efecto a través del año calendario.

Los áridos y materiales orgánicos de las macetas tienen siempre la borra del café y el mate, como abono, más pequeñas dosis de hormona floral en las macetas que tienen especies a florecer, a partir de ciertas fechas.

Pero aquí, pese a los notables buenos resultados alcanzados, es donde debo decir algo, que seguramente a muchos biólogos se les ha pasado o no saben. Mi jardín, casi prefabricado, me está dando señales por décimo tercer año consecutivo:

Las plantas semi caducas y semi persistentes están “cambiando las hojas” cada vez más tardíamente.

Esto quiere decir, que los transformadores de luz en sustancias químicas, que tienen una vida limitada por la continua oxidación de sus elementos, deberán ser cambiadas- hecho anualmente verificable-. Pero lo hacen más tardíamente, porque la eficiencia electro-biológica, se asegura mucho más tardíamente.

Esto quiere decir que conjuntamente con todo lo por mi enunciado en los artículos al respecto; por ej.: “Temperaturas cálidas y glaciaciones”; nos están indicando que el período interglacial se está terminando y que vamos a una nueva glaciación- cada vez má extensa-.

Ya hoy los científicos mundiales van tomado nota de las once materias que demuestran el enfriamiento universal. El CALENTAMIENTO GLOBAL ha sido un error mayúsculo-.Lo he venido pregonando desde hace quince años- y el Universo que conocemos va hacia un período cada vez más frío. En doscientos años el período Pre-tundra y en 800 años la nueva GLACIACIÓN por más de un millón de años.

Les pido relean todo sobre este tema, que está en toda la” Internet”.

Las Plantas, Wydler Heinrich y yo

Al ver plantas en grandes jardines y parques o en solitarios balcones, sus formas, colores y texturas realizan en nosotros un movimiento interno estético, que podrá adoptar muchas formas pero siempre será portador de sentimientos de placidez, de asombro y de muchas cosas más. Las plantas son purificadoras del aire que respiramos, de la comida que comemos, directa o indirectamente y de la mayoría de los medicamentos que nos alargan la vida.

Las plantas, su ubicación, el jardín o parque donde las instalemos, el proyecto general del mismo, constituyen materia de mi trabajo diario.

Pero pese a que pasan los años no dejo de asombrarme ante un color, un perfume o una forma nueva (para mí).

Digo para mí, pues si bien es probable que cada tanto, la naturaleza nos brinde una especie nueva en forma espontánea, o la biotecnología acelere estos procesos, la mayoría de las plantas pertenecen a longevas especies, mucho más los géneros, aún más las familias y así respecto a cada categoría en que los botánicos del mundo han subdividido el reino vegetal.

Con variantes, la biología ha clasificado de cierta forma similar a todos los seres vivos respetando hoy, la evidente encadenación de cada especie, con otras similares dentro del espacio y a través de las eras.

Las noticias sobre este punto, generalmente aparecen en los medios, cuando se refieren a los homínidos y a la sempiterna búsqueda de “eslabones perdidos” de nuestra cercana progenie, pero muy raramente a otros animales y menos a lo que respecta a las plantas.

Podría también explicarse porque generalmente el estudio de la botánica, es y será para muchos, una de las torturas a las que nos somete el secundario. En parte, porque los libros sobre la materia están escritos en un “idioma” demasiado duro, escuetamente enciclopédico, sin relaciones que nos cuenten las “cositas” del tema como una secuencia, como una película.

Hoy es fácil conseguir dibujos, caras u objetos, que por computación, en pocos instantes varían adoptando contornos y formas cambiantes, pero que nos permiten relacionar un estadio con el otro. Es posible imaginar los cambios entre individuos, entre variedades y formas, especies y géneros de esta manera.

Cuando se van rellenando los agujeros de la información, con estas secuencias de formas, aptitudes, funciones, con el tiempo, no solo es más fácil recordar los nombres, sino comprender las teorías y conocimientos de la materia y hasta alegrarnos en el descubrimiento de los planes superiores que ocultan todas las cosas y hasta llegado el caso descubrir por nosotros mismos, o al menos anticipar conclusiones.

Para ayudar a clasificar los especímenes, durante siglos se perfeccionaron tablas con características, que con las investigaciones pertinentes, se tomaron como más significativas y que irían dibujando, cada vez más nítidamente estas relaciones, o sea como se fue produciendo la evolución, la historia de los cambios y la diversidad de los seres vivos.

La diversidad de las especies, es el motivo sempiterno del vivir, de allí la perentoria necesidad de mantener esta diversidad, ya que las relaciones entre especies, aparte de lo nombrado, hacen a la salud del equilibrio biológico en el tiempo.

No creamos que porque todo esto último está en gran medida estructurado-gracias al trabajo de botánicos y biólogos de todas las épocas (¡Gracias vi- chozno Heinrich Wydler!, botánico suizo, curador del herbario más famoso del mundo, L´Candolle, Director del Primer Jardín Botánico de San Petersburgo , reconocedor primigenio de especies centroamericanas, amigo de Darwin y uno de los padres de la Botánica americana , autor de notables obras descriptivas de éstas y profesor de Botánica y ciencias biológicas en la Ciudad de Colonia, Alemania)-, porque les aseguro que hay interesantísimos nichos para explorar y sin ir a encontrar especies nuevas en las distantes selvas. Continuar leyendo “Las Plantas, Wydler Heinrich y yo”