Siete mitos sobre la alimentación

Alimente un resfrío y haga pasar hambre a una fiebre.

Falso. Tanto las fiebres altas como los resfríos pueden causar pérdida de líquidos. Beber líquidos como el agua, jugos de frutas, y jugos de vegetales en abundancia puede prevenir la deshidratación. Durante los procesos de fiebre y los resfriados, es conveniente alimentarse como la hace con regularidad – el privarse de nutrientes solo puede hacer que una persona se enferme más aún.

Espere una hora después de comer antes de nadar.

Falso. Segun la Cruz Roja Americana (American Red Cross), generalmente no necesita esperar una hora para poder meterse en el agua. Sin embargo, se recomienda que espere hasta que comienze la digestión, especialmente si ha comido alimentos ricos en grasa y planea nadar vigorosamente.

El café bloquea el crecimiento.

Falso. El café no afecta el crecimiento, pero la dieta de un niño no debe contener demasiada cafeína ya que su exceso puede prevenir la absorción de calcio y otros nutrientes.

El pescado alimenta el cerebro.

Verdadero. El pescado es una buena fuente de ácidos grasos del tipo omega-3, los cuales han demostrado ser importantes para el funcionamiento del cerebro. Sin embargo, algunos pescados tienen niveles significativos de mercurio. La Administración Estadounidense de Alimentos y Fármacos (Food and Drug Administration, FDA), recomienda que las mujeres embarazadas y aquellas en edad de concebir disminuyan su ingesta de mercurio bien sea evitando comer pez espada, tiburón o atún, o limitando el consumo de estos pescados a una vez por mes.

El chocolate causa acné.

Verdadero … y falso. Los estudios demuestran que no existen alimentos específicos que causen acné. Sin embargo, algunas personas puede que se den cuenta que sus brotes de acné empeoran después de comer ciertos alimentos. Por ejemplo, algunas personas desarrollan acné después de comer chocolate, mientras que a otras no les ocurre pero sin embargo desarrollan acné después de tomar mucho café.

Las comidas picantes causan úlceras.

Falso. Las comidas picantes pueden agravar los síntomas de una úlcera en algunas personas, pero esto no significa que sean la causa de esta condición. Una infección producida por bacterias o el abuso de medicamentos para aliviar el dolor como las aspirinas o los anti-inflamatorios suelen ser la causa.

Comer zanahorias mejora la vista.

Falso. Este cuento puede haber comenzado durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la inteligencia Británica propagó el rumor de que sus pilotos tenían una vista remarcable porque comían muchas zanahorias. Es que no querían que los Alemanes supieran que hacían uso del radar. Las zanahorias (y otros vegetales ricos en vitamina A) ayudan a mantener una vista sana pero consumir cantidades superiores a las recomendadas no mejora la vista.

Cinco mitos sobre el embarazo

Si el ritmo de los latidos del corazón está por debajo de 140 latidos por minuto (LPM), es un niño.

Falso. Generalmente el ritmo cardíaco de un bebé niña suele ser más rápido que el ritmo cardíaco de un bebé niño, pero solamente hasta antes de comenzar el parto. No existe diferencia entre el ritmo cardíaco de un feto niño o niña, pero el ritmo sí varía de acuerdo a la edad del feto. A partir de aproximadamente la quinta semana de embarazo, el ritmo cardíaco es cercano al de la madre (de 80 a 85 LPM). Este ritmo continúa acelerando hasta el comienzo de la novena semana, cuando alcanza de 170 a 200 LPM, y luego disminuye a un promedio de 120 a 160 LPM a mediados del embarazo. El ritmo cardíaco normal de un feto durante el embarazo fluctúa de 120 a 160 LPM para los niños y niñas.

El peso adicional concentrado en la parte frontal del cuerpo indica que es una niña, mientras que alrededor de los muslos y los glúteos indica que es un niño.

Falso. Si una mujer tiene un torso corto, el bebé solo podrá crecer hacia la parte frontal del vientre de la madre. Un torso largo puede significar más comodidad y espacio para el bebé, haciendo menos probable que el vientre de la mujer sobresalga hacia fuera. Un vientre ancho puede que sólo indique que el bebé esté acomodado de lado.

Si el vientre de la mujer es un poco caído, es un niño. Si está erguido, es una niña.

Falso. Si el vientre de una mujer es erguido, puede que sea su primer embarazo o que su cuerpo está en forma. Los músculos del abdomen tienen tendencia a hacerse más elásticos con cada embarazo, de modo que un vientre que haya tenido más de un embarazo puede tener una apariencia más caída.

Los pezones oscuros indican que será un niño.

Falso. Este cambio de color no tiene nada que ver con el sexo del niño. Un incremento en la progesterona (una hormona esteroide segregada por la placenta y los ovarios) y las hormonas estimulantes de melanocitos (las cuales regulan la pigmentación de la piel) hacen que las áreas oscuras del cuerpo destaquen en gran parte de las mujeres embarazadas. Los pezones, las marcas de nacimiento, y los lunares pueden parecer más oscuros durante el embarazo. Una línea vertical oscura también puede que aparezca en la mitad del vientre. Esta línea conocida como la linea nigra (línea negra), se extiende desde la parte de arriba del ombligo hasta el comienzo del pubis. Las áreas oscuras de la piel suelen palidecer una vez que nace el bebé.

Mientras esté embarazada, una mujer no debe dar el pecho a un infante porque el nuevo bebé necesita toda la nutrición disponible.

Falso. Si una mujer está sana, dar el pecho mientras está embarazada no le hará daño a ella, al feto o al infante. (Un médico pude que recomiende que una mujer embarazada no de el pecho si tiene una deficiencia nutricional, está baja de peso o presenta riesgo de parto prematuro).

El misterio de los hombres eléctricos.

Los casos de este tipo que carecen de una explicación racional se engloban dentro de lo que se ha bautizado como Efecto SLI (Street Light Interference), un fenómeno conocido en España como «interferencia en el alumbrado público» o, coloquialmente, apagafarolas. La siguiente historia ejemplifica a la perfección lo que tratamos de explicar. Su protagonista, que prefiere mantenerse en el anonimato, regresaba a casa una noche. Al doblar una esquina, de repente, todas las farolas de la calle se apagaron. Estupefacto, dio media vuelta para no seguir a oscuras y tomó otra calle.

De nuevo le ocurrió lo mismo. Resignado, continuó por la misma vía. Pero lo más sorprendente es que, cuando se alejó, las farolas volvieron a encenderse. El Efecto SLI, por tanto, consiste en la facultad, normalmente involuntaria, de ciertas personas para interferir en el funcionamiento normal del alumbrado público. Esto puede traducirse en que las luces se apaguen, se enciendan o varíen de intensidad cuando la persona causante del fenómeno se acerca a ellas. Lo anterior puede suceder con una sola farola o, como hemos visto, con varias a la vez.

Sin embargo, menos habitual es que toda una hilera de luces vayan apagándose de forma progresiva al paso de alguien, para encenderse a medida que el individuo se va alejando. Una persona nos narró un caso de este tipo: «En cuanto me aproximaba a las farolas, se apagaban. En ningún momento pensé que este hecho podía estar relacionado conmigo. Pero comprobé que a medida que las iba dejando atrás, y ante mi estupor, se encendían de nuevo una a una».

Desde luego, se han ofrecido teorías convencionales –como el mal funcionamiento de los diversos componentes de las farolas–, pero algunos casos no pueden explicarse de esta manera, pues sobrepasan la simple casualidad que tales argumentos implican.

La siguiente historia, que escuchamos por boca de su protagonista, así lo atestigua: «Caminábamos varias personas y cuando pasamos junto a una farola, se apagó. En broma, comentamos si es que estábamos gafados o algo similar. No le dimos mayor importancia, pero recorridos unos metros, ésta se encendió. Cuando pasamos junto a otra, ocurrió lo mismo. Y también en la siguiente. Continuamos bromeando sobre el tema, así que para comprobar si era casualidad o no, cruzamos la calle para acercarnos a la farola de enfrente. Como os podéis imaginar, también volvió a apagarse.

Incrédulos, cruzamos otra vez la calle hacia la acera en la que estábamos al principio, y se apagó la farola que teníamos delante. Siempre, cuando nos alejábamos unos metros de ellas, se volvían a encender». Las teorías convencionales, además de que no pueden explicar casos como el anterior, dejan de lado aspectos curiosos del fenómeno. Y es que algunos de los sliders –término inglés con que se conoce a los apagafarolas– no interfieren sólo en el alumbrado público, sino también en otros aparatos eléctricos, como cajas registradoras, televisores, ordenadores o radios.

Y, en ocasiones, también en aparatos no eléctricos, sobe todo brújulas. Después de varias apariciones nuestras en diferentes medios de comunicación para hablar sobre el tema, algunas personas se pusieron en contacto con nosotros. Ante el extraordinario número de casos que acumulábamos, decidimos llevar a cabo una investigación más sistemática. Para ello creamos un cuestionario de sucesos SLI, lo cual nos ha servido para llegar a algunas conclusiones estadísticas provisionales.
Los primeros resultados muestran que hombres y mujeres protagonizan en un porcentaje similar casos de Efecto SLI, con lo que no se puede establecer ninguna distinción en función del sexo. Además, estos sucesos se producen tanto si la persona camina, como si viaja en coche, en moto o en otro medio de transporte. De todos modos, el número de efectos SLI producidos cuando el protagonista va a pie es mucho mayor. Este hecho no debe causarnos sorpresa, pues es más sencillo percatarse del fenómeno mientras se camina.

Continuando con los resultados estadísticos, uno de los datos que más llama la atención es el hecho de que casi un veinte por ciento de los sliders aseguren en el cuestionario que, además de afectar a las farolas, también inciden sobre relojes. Así, Yolanda M. nos contaba: «El reloj se me para varias veces, y no sólo a mi, sino también a otras personas que están conmigo, en especial a mi compañero. Lo curioso es que esto siempre sucede por la noche». Las descargas eléctricas también están relacionadas muy directamente con el fenómeno de los apagafarolas.

El porcentaje de personas que aseguran recibir más descargas de las que podrían considerarse normales es de un diecinueve por ciento, aunque sabemos que la cifra es mayor, pues en el cuestionario de recogida de casos no se hizo mención explícita a este aspecto desde el principio. Estos sliders suelen recibir shocks con máquinas de tabaco, interruptores, carros de la compra, el agua del grifo, con otras personas… Pues bien, según fuentes del Laboratorio de Ingeniería Eléctrica de la Universidad de Cataluña, «la humedad del aire funciona como un conductor que favorece la fuga de tensiones; si el ambiente es seco, el cuerpo no libera su energía y se recarga».

Es decir, que los mencionados «calambres» son más comunes cuando el ambiente es húmedo. Esto es muy importante, ya que aproximadamente un veinticinco por ciento de los sliders reflejan en los cuestionarios que es en un ambiente fresco y húmedo cuando tiene lugar el fenómeno. A esta misma conclusión también llegó el investigador Hilary Evans, de la Asociación para el Estudio Científico de los Fenómenos Anómalos (ASSAP), después de su estudio pionero sobre el Efecto SLI.

Además, según los expertos en descargas eléctricas, cuando el cuerpo se recarga de energía, ésta puede ser liberada en forma de calambres, con erizamiento del cabello, sensación de cansancio y dolor de cabeza. Curiosamente, algunas personas relacionan el dolor de cabeza con la experiencia SLI. Teniendo en cuenta todo lo anterior, ¿podría estar la clave del Efecto SLI en la electricidad estática del cuerpo? Por el momento no podemos ofrecer una respuesta concluyente, pero es obvio que, al menos, puede existir algún tipo de relación.

Por ello, recientemente hemos incorporado en el cuestionario una pregunta sobre la ropa que viste el slider cuando produce la interferencia en las farolas, ya que los zapatos con suelas sintéticas y los trajes con telas acrílicas, por ejemplo, incrementan la electricidad estática. Tal es el caso de una secretaria colombiana que provocó un incendio en un almacén de disolventes al producir una chispa sólo por tocar una estantería metálica. Según se supo, iba vestida con una blusa de nilon y zapatos de tacón.

Año Cero y Enigmas.
Fuente: Año Cero
Autor: Carlos Gutiérrez y Olga Canals