La creencia de la “La santa muerte”

La Santa Muerte o Santísima Muerte es una figura de la creencia popular mexicana que personifica la muerte y es objeto de culto.

la santa muerte

Antes de continuar, ahondemos en el significado de la palabra culto. Un Culto es un conjunto de actos atribuidos a la veneración profunda de una cosa, objeto o entidad y está intrínsecamente ligado a la cultura popular de una región o un lugar geográfico determinado. En ese contexto, es importante destacar que en México, éste el culto a la mal llamada Santa Muerte está de moda, por lo menos desde hace unos 15 años, generando una multiplicación de centros de veneración, casas y templos improvisados y, sobre todo, alto consumo de artículos relacionados con imágenes, fetiches y representaciones que se venden en mercados populares.

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El culto a la Santa Muerte

El culto a la Santa Muerte se ha extendido de tal forma en el país latinoamericano que quienes lo profesan, no ocultan más su fervor y han puesto altares en la calle para que cualquiera que requiera su ayuda pueda invocarla.

Sus promotores la presentan como una ”entidad espiritual”  que ha existido siempre, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días, por lo que maneja una energía denominada “energía de la muerte”, capaz de materializarse en una figura, que concentra tanto la fuerza creadora como la destructora del universo. Según ellos, el creyente en la Santa Muerte puede aprender a manejar esta fuerza, que emana de sus imágenes consagradas, puesto que la Santísima; otro de sus nombres, es una de las protecciones más fuertes que existen.

Los seguidores de éste enigmático personaje, tan fervientemente instalado en el ideario y la creencia popular mexicana, aseguran que “la Señora”, como la llaman afectuosamente, es capaz de aparecerse y manifestarse corporalmente o imprimir sus imágenes en diversos lugares. En libros y revistas en los que se promueve su culto, suelen narrarse incluso algunas intervenciones milagrosas que han vivido, en las que la Santa Muerte los ha librado de múltiples peligros y les ha ayudado a resolver problemas complicados de su vida.

La otra mirada del Culto

A pesar de tantos buenos presagios y testimonios milagrosos, los que profesan el culto católico señalan que quienes rinden culto a la Santa Muerte y a sus imágenes, están cometiendo el peor de los pecados, pues les están atribuyendo poderes que no tiene ni tendrá jamás. Además, en vez de poner la propia confianza en Dios, la ponen en una supuesta entidad espiritual que, sencillamente, no existe. En realidad, la Santa Muerte no es una persona. Es sólo un fenómeno natural como el nacer o el crecer (el inicio y el desarrollo de la vida), aunque nunca se habla del Santo Nacimiento o Santo Crecimiento. Por ese motivo, diversas iglesias como la católica, bautista, presbiteriana entre otras, rechazan y condenan su veneración y la consideran diabólica.

Historia y Orígenes del Culto a la Muerte

El origen de la Santa Muerte proviene de tiempos remotos y de la mano de diferentes culturas. Un ejemplo de ellos es Kitzin, el dios maya de Xibalbá o el inframundo. O la imagen de Hades, la muerte personificada de la cultura Helénica. La diosa de la muerte de los aztecas, o incluso en la biblia en cuyos pasajes se relata a la muerte, como uno de los siete jinetes del apocalipsis.

Otro de los orígenes posibles es el afroamericano, ya que las oraciones que se realizan a la Santa Muerte, son muy similares a las que se hacen en algunos ritos de los Santeros, por ese motivo se cree que el culto puede provenir desde el continente africano, con algunas personas compradas como esclavos que fueron arrancados de su tierra natal para trabajar en los territorios conquistados en el Nuevo Mundo, y establecidos en Cuba, Puerto Rico, Haití, Estados Unidos y Veracruz en México. En éste sentido, la “Santa” sería la antigua diosa pagana llamada “Orishas”, espíritu africano de un demonio, que el culto santero se le llama “Oyá”, diosa de las centellas, de los vientos, de las guerras, o la dueña de los panteones.

Los asombrosos elefantes perdidos

Hasta hace no mucho pensábamos que tan solo existían dos especies de elefantes, el africano y el asiático. En 2010 un grupo de biólogos publicó un decisivo artículo en el que señalaban una nueva especie, el elefante de bosque africano, que hasta ahora se había incluido como subespecie dentro del elefante africano. Aun así, tres especies no parecen muchas si tenemos en cuenta la enorme diversidad con la que ha contado este fascinante animal a lo largo de su historia evolutiva.

Elefantes prehistóricos

Cuando el homo sapiens anatómicamente moderno comenzó las grandes migraciones que lo llevaron a extenderse fuera de su cuna en África, existían al menos 42 especies de mamíferos terrestres que pesaban más de una tonelada… Hoy tan solo sobreviven los elefantes, los hipopótamos y los rinocerontes.

Los elefantes pertenecen al orden de los Proboscídeos y aunque en la actualidad tan solo queden estas tres especies, en un pasado no tan lejano existieron docenas de especies diferentes que, a pesar de estar hoy extintas, siguen asombrando a los investigadores que estudian sus fósiles.

Elefantes prehistóricos

Para conocer su larga marcha hasta nuestros días debemos remontarnos 65 millones de años atrás en el tiempo. El gran impacto que acabó con los dinosaurios dejó sin embargo el terreno abonado para que los pequeños mamíferos se convirtieran en los reyes del planeta. Aprovechando el gran nicho que dejaron los gigantes, salieron a la superficie y se extendieron rápidamente por todos los rincones.

Los investigadores han conseguido estudiar el linaje de los elefantes y consideran que el orden de los Proboscídeos hunde sus raíces hace más de 60 millones de años, ocupando una enorme diversidad de ambientes, desde las selvas hasta desiertos, desde los valles hasta las alturas y llegando a estar presentes en todos los continentes a excepción de Australia y la Antártida.

Su diversidad era también muy amplia y en dentro de ella podemos encontrar al que posiblemente sea el mamífero terrestre más grande de todos los tiempos: el Palaeoloxodon namadicus, una enorme mole de 12 toneladas, que resulta aún más impresionante si lo comparamos con el mayor de los elefantes modernos.

Otros, como el Platybelodon grangeri, tenía la trompa en forma de pala para poder alimentarse de plantas en ambientes acuáticos, como pantanos y márgenes de ríos.

Myojin, la isla que nació y murió en 5 días

Isla myojin

Entre el frío del otoño ya por finalizar y el fin de semana largo que se aproxima, se me antoja leer un buen thriller. Claro que a mi me gusta leer, y por ello, suelo navegar por la web en busca de libros gratis para descargar. Este fin de semana, descubrí un libro que relataba numerosas historias reales, alguna de ellas completamente increibles como por ejemplo ésta que aporovecho para contarles: se trata de una isla, si es que se puede llamar isla a una pequeña porción de tierra que emergió por escasos cinco días y se volvió a hundir en las profundidades para nunca más volver a saber de ella.

La naturaleza muchas veces tiene la capacidad de actuar de forma totalmente sorprendente. Y si no que se lo digan al barco de pescadores Shikine Maru. Esta embarcación fue testigo ocular el 18 de septiembre de 1952 de como, a 450 kilómetros al sur de Tokio, el mar lanzaba a la superficie una nueva isla: la isla Myojin.

Isla myojin

Myojin corresponde al nombre de uno de los muchos volcanes submarinos que hay en esta zona del Pacífico. Por otro lado, el archipiélago de Izu, también en ese lado del Pacífico, está compuesto por varias islas de origen volcánico. Myojin se convirtió, por muy poco tiempo, en una de ellas.

Era una mañana normal en la que el pesquero Shikine Maru salía a faenar. Nada parecía prever que pronto serían testigos del nacimiento de una nueva isla. De repente, comenzaron a notar una pequeña explosión procedente del fondo marino, y al poco tiempo fue cuando divisaron una enorme columna de humo que dejaba cierto olor a azufre en el ambiente.

Poco a poco se dieron cuenta de que un volcán estaba escupiendo lenguas de lava a la superficie, y esta, al solidificarse estaba dando lugar a una nueva isla volcánica. Evidentemente fue mucho más intenso que esto, ya que de vez en cuando se escupían auténticas bolas de fuego que actuaban como proyectiles, por tanto la embarcación tenía que salir de allí como fuera si no quería terminar solidificada como la isla.

Hasta aquí todo normal, una isla que nace, una embarcación que se asusta y un nuevo comienzo para una nueva tierra. No obstante, esta isla tendría los días contados…

El 23 de septiembre, tan sólo 5 días después de su nacimiento, desapareció sin explicación alguna hundiéndose nuevamente en lo más profundo del océano. Esta vez, el daño humano fue grave, y es que la tripulación del Kaiyo Maru, una embarcación enviada por el Departamento Hidrográfico de la Agencia de Seguridad Marítima para estudiar el suceso, fue totalmente engullida por el mar junto a la isla.

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