El poder de la gemoterapia

La gemoterapia es una técnica en la que se utilizan piedras con el propósito del autoconocimiento y la auto-sanación. Se cree que utilizando ciertos tipos de minerales, éstos nos pueden ayudar a encontrar la energía de nuestros cuerpos, equilibrarla y proporcionar cierto tipo de información para el crecimiento personal. Para leer más sobre la gemoterapia te invito a visitar: elcuarzorosa.com

Para la gemoterapia, las piedras son como «seres de la tierra», manifestaciones físicas de la energía creadora. Esta creencia tiene su origen en que todo aquello que proviene de la naturaleza posee su propia energía, y ésta energía puede ser utilizada como herramienta para diferentes situaciones de la vida.

Dentro de ésta corriente existen los llamados gemoterapeutas, quienes además de utilizar los minerales pueden orientarnos a utilizarlos adecuadamente. La orientación estará dada por el caso particular de cada persona o de la situación concreta que se quiera resolver, buscar… etc.

La escritora Katrina Raphael, que es especialista en piedras y minerales, menciona en su trilogía de los cristales, que los terapeutas, además de un gran conocimiento en los materiales necesitarán ser creativos, intuitivitos y espontáneos, para adaptarse a las diferentes situaciones que cada persona busca a través de la gemoterapia, porque no existen (o al menos, no existen todavía) recetas fijadas ni fórmulas generales para cada caso en particular.

Por ejemplo: Una amatista, podría provocar determinadas sensaciones en una persona como por ejemplo incrementar su sensibilidad, prolongar un estado de angustia y hasta hacerla llorar por cualquier cosa, pero ésta misma piedra, a otra persona puede que le ayude a conciliar el sueño, la tranquilice o le haga explorar sus sentimientos más profundos hacia él mismo y hacia los demás. Algunas piedras actúan sobre el Amor, pero la forma en que lo hacen puede diferir en cada caso en especial. Es por ello que se dice que la piedra es el vehículo o la herramienta para conseguir o activar en la misma persona esos sentimientos. Si bien existen parámetros generales que son coincidentes en los efectos que pueden producir los distintos tipos de minerales, en cada persona éstos efectos se presentan de formas diferentes según sea el caso.

Otra cuestión a tener en cuenta en ésta técnica es la forma que ha adoptado el cristal, pues esto también conlleva un significado en los beneficios y/o resultados que éste puede traer aparejados. Por lo tanto, además del tipo de piedra, la forma en la que está debe ser tenida en cuenta a la hora de una terapia con minerales.

Tonal y Nagual, experiencias iniciáticas

Para hablar de los términos tonal y nagual, habría que remitirse a una creencia singular de la cultura mesoamericana y a sus rituales de experiencias iniciáticas. Tonal, es la creencia de las culturas indígenas que habitaron el continente americano en la de que las personas, desde su nacimiento, adquieren un estrecho vínculo espiritual con un animal.

El término Tonallí, en lenguaje náuatl significa “día”. Y es un común denominador entre los Mayas, los Aztecas y otras culturas de de Mesoamérica, siempre dentro de la misma línea de creencia. Mientras que Nahual o Nagual es el poder de una persona de adoptar la forma corpórea del animal que su tonal representa. Sería una especie de poder sobrenatural o brujería que poseían algunos de los indígenas de éstas culturas de transformarse. Contado así pareciera tratarse de una creencia sobrenatural. Pero al igual que como ocurre con cualquier otra creencia, podemos analizarlo de manera un poco más objetiva.

Definamos tonal y nagual de la siguiente manera: El Tonal como la energía que podemos ver o sentir, por ejemplo el calor y la luz del sol, y el Nagual, como una energía que no podemos ver, pero que de igual manera sentimos. Amor, Pasión, Empatía… Y más allá; El Alma. Viéndolo de éste modo, podemos hacer una analogía con casi cualquier otra creencia o religión conocida. En éste continente, y casi en cualquier otro lugar del mundo, podemos entender mejor a las creencias, cuando hablamos de la muerte y del Alma. Así le damos sentido a la fe, a la religión y a cualquier otra creencia. Cuando morimos, el tonal que es del cuerpo, muere, se desintegra, mientras que el nagual sería como el espíritu que trasciende más allá de la muerte. Puesto a que a pesar de no poder verse está ahí.

Los chamanes, utilizan éstas energías de manera singular, para ver con claridad situaciones de la vida que de no pueden ser explicadas de una manera sensorial tradicional. Aumentando su capacidad cognitiva a través de ciertos ritos iniciáticos cuya explicación radica en un fenómeno físico muy conocido como el fosfeno.

Como utilizan los chamanes ésta energía.

Hasta aquí explicamos de manera bastante resumida el significado de Tonal y Nagual, pero ¿Cómo utilizan ésta energía los chamanes? – Para entender mejor como funciona ésta creencia chamánica, debemos necesariamente explicar que es el “fosfeno”, una palabra proveniente del griego “phainein” que significa “aparecer”. El fosfeno según la wikipedia, es un fenómeno caracterizado por la sensación de ver manchas luminosas que está causado por la estimulación mecánica, eléctrica o magnética de la retina o corteza visual. Un ejemplo de fosfeno son los patrones luminosos que se ven al frotar los párpados con bastante presión. Pero cualquier estímulo visual sobre la visión es capaz de provocar éste efecto del fosfeno.

A través del fosfenismo, una técnica descubierta por el Doctor Lefebure, que sería aplicar durante el lapso del fosfeno un pensamiento con él para así transformar la energía luminosa en energía mental. Según este conocido chamán, los fosfenos provocan, el desarrollo de la memoria, de la inteligencia, de la atención, de la creatividad y de la intuición.

Esto es a lo que se llama o denomina una experiencia iniciática en la que el chamán entraría en una especie de transe o sueño a través de los cuales puede experimentar situaciones vividas o por vivir como si se tratara de una epifanía o revelación. Dado que los sentidos se agudizan de tal manera durante el fosfeno, es posible ver con claridad ciertas cosas que en circunstancias normales no podría ser posible.

La leyenda de la llorona.

Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se recogían en sus casas con el toque de queda, avisado por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadísimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico.
Un Alma en Pena

Las primeras noches, los vecinos se resignaban a santiguarse por el temor que les causaban aquellos lúgubres gemidos, que según ellos, pertenecían un ánima del otro mundo; pero fueron tantos y tan repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir a las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las oscuras noches o en aquellas en que la luz pálida de la luna caía como un manto vaporoso lanzaba agudos y agónicos gemidos.

Vestía la mujer un traje blanco y un espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad, cada noche tomaba distintas calles, pero siempre pasaba por la Plaza Mayor (hoy conocida como el Zocalo de la Capital), donde se detenía e hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento en dirección al Oriente; después continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo y al llegar a orillas del lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía entre sus aguas.

«La hora avanzada de la noche, – dice el Dr. José María Marroquí- el silencio y la soledad de las calles y plazas, el traje, el aire, el pausado andar de aquella mujer misteriosa y, sobre todo, lo penetrante, agudo y prolongado de su gemido, que daba siempre cayendo en tierra de rodillas, formaba un conjunto que aterrorizaba a cuantos la veían y oían, y no pocos de los conquistadores valerosos y esforzados, quedaban en presencia de aquella mujer, mudos, pálidos y fríos, como de mármol. Los más animosos apenas se atrevían a seguirla a larga distancia, aprovechando la claridad de la luna, sin lograr otra cosa que verla desaparecer llegando al lago, como si se sumergiera entre las aguas, y no pudiéndose averiguar más de ella, e ignorándose quién era, de dónde venía y a dónde iba, se le dio el nombre de La Llorona.»

El Origen de La Llorona
El antecedente mas conocido de la leyenda de la llorona tiene sus raíces en la mitología Azteca. Una versión sostiene que es la diosa azteca Chihuacóatl , protectora de la raza. Cuentan que antes de la conquista española, una figura femenina vestida de blanco comenzó a aparecer regularmente sobre las aguas del lago de Texcoco y a vagar por las colinas aterrorizando a los habitantes del gran Tenochtitlán.

«Ay, mis hijos, ¿dónde los llevaré para que escapen tan funesto destino?», se lamentaba.

Un grupo de sacerdotes decidió consultar viejos augurios. Los antiguos advirtieron que la diosa Chihuacóalt aparecería para anunciar la caída del imperio azteca a manos de hombres procedentes de Oriente. La aparición constituía el sexto presagio del fin de la civilización.

Con la llegada de los españoles al Continente Americano, y una vez consumada la conquista de Tenochtitlan, sede del Imperio Azteca, años mas tarde y después de que murió Doña Marina, mejor conocida como la «Malinche» (joven azteca que se convirtió en amante del conquistador español Hernán Cortés), se decía que esta era la llorona, la que venía a penar del otro mundo por haber traicionado a los indios de su raza, ayudando a los extranjeros para que los sometieran.

Las «Otras» Lloronas
Esta leyenda se extendió a otros lugares del País, manifestándose de diversas maneras. En algunos pueblos se decía que la llorona era una joven enamorada que había muerto en vísperas de la boda y traía al novio la corona de rosas blancas que nunca utilizó.

En otras partes, se creía que era una madre que venía a llorarle a sus hijos huérfanos.
Algunos afirman que es una mujer que ahogó a uno de sus hijos y por la noche lo busca a lo largo de los riachuelos o quebradas, exhalando prolongados lamentos.

Otra descripción de la llorona es la siguiente:
Mujer de figura desagradable, alta y desmelenada, de vestido largo y rostro cadavérico. Con sus largos brazos sostiene a un niño muerto. Pasa la noche llorando, sembrando con sus sollozos lastimeros, el terror en los campos, aldeas, y aún en las ciudades.

Se hace referencia a este personaje acorde con la tradición oral, donde se le define como una madre soltera que decidió no tener a su hijo y por eso aborta, acarreándole esto el castigo de escuchar permanentemente el llanto de su niño. Este castigo la desesperó y la obligó a deambular por el mundo sin encontrar sosiego, llorando, gimiendo e indagando por el paradero de su malogrado hijo.